Siempre he deseado ser como Marilyn

0:31 María Gabriela León Hernández 0 Comments

Amar la poesía es amar la vida
Marilyn Monroe - Andy Warhol

Desear otra vida, fervientemente desearla
es el mismo acto de dividir
el espíritu en dos piezas idénticas.
Gabriel Jiménez Emán – Alteridad.


          Esta noche luciré el vestido que me inmortalizará ante mi público, al igual que lo hizo con Marilyn ante el mundo entero. El mío no fue confeccionado por Jean Louis, pero mi costurera, que es como mi hermana y que hace un trabajo divino, logró copiar muy bien su diseño. Tampoco tendrá dos mil quinientos cristales ¿Con qué plata?  Si así fuera, no cantaría en ese lugar de mala muerte, donde los clientes transpiran ron barato y vomitan chicharrones con pelos. El mío, es un vestido módico pero hermoso, diría que igual o hasta más que el original. La tela es brillante, parece que tuviera piedritas. Cuando me muevo, titila como arbolito de navidad.  La compré en una oferta que tenían en el Bazar del Turco, gasté muy poco, me salió casi regalada. Estoy emocionada porque voy a cantar “Happy Birthday, Mister President”. He ensayado mucho, mis amigas dicen que soy una copia al carbón de la Monroe. Es lo que más deseo, siempre he deseado ser como Marilyn. Crecí viendo fotos de ella por todas partes, una de las que más me ha gustado es esa en la que aparece su cara varias veces y con diferentes colores, es bellísima. Recuerdo que me la regaló un amigo y yo la pegué en la puerta del closet y cuando mi mamá la vio, se arrechó y la rompió, dijo que ese era regalo de maricones. Pobre, ella nunca me ha entendido; cuando me hice las lolas, me dijo que era un monstruo con tetas grandes, que cómo se me ocurría hacer algo así. No me importó, yo sólo quería parecerme a Marilyn.  Luego me pinté el pelo de rubio y me tatué las cejas como las de ella, arqueadas y gruesas. Desde que la miré por primera vez en Youtube, cantándole al Presidente, quise ser como ella, cantar como ella y moverme como ella y por supuesto, levantarme a un carajo que estuviera tan bueno y fuera tan rico como Kennedy, ese mangote rubio de ojitos claros que la llevaba a la cama de vez en cuando.  Yo lo único que levanto son renacuajos pobretones que quieren que los mantenga.  En la madrugada, cuando termine de trabajar y vaya a la arepera de Pedro, voy a usar un abrigo blanco muy parecido al que ella tenía puesto cuando salió al escenario. Estoy segura de que voy a atraer todas las miradas, como las atrajo ella ese día. Espero que no asomen sus mugrientas narices los malandritos esos de Sabana Grande, que siempre me quieren joder. Decidí que mi vestido no fuera tan ceñido; mi costurera no puede ir al bar a coserlo sobre mi cuerpo, como lo hicieron con ella. Dicen que se le rompió mientras cantaba. A mí no me puede suceder eso, porque lo voy a usar todas las noches durante algún tiempo y no puedo gastar dinero en otro, porque todos mis ahorros son para la operación. Espero con ansias el día que me transforme de manera definitiva en Marilyn Monroe. Tengo dos años reuniendo la plata que me hará mujer for ever, pero por ahora no me queda otra opción que esconder mi pene.  ¡Dios, son las ocho de la noche, se me está haciendo tarde y tengo que vestirme y maquillarme para mi nuevo show!. 

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